Fe en la frontera: Los Jesuitas y sus socios vienen en ayuda de los migrantes deportados

Por: William Bole

En febrero de 2017, una madre de 35 años con dos hijos, en Arizona, se convirtió en una de los primeros inmigrantes no autorizados deportados a México, bajo la represión de inmigración de la administración Trump. Su caso encendió el debate sobre la política de administración, pero para alguien que ministra en la frontera, el argumento no fue sólo político. “Fue personal”, dijo el Padre Jesuita Sean Carroll.


Padre Carroll en la frontera Estados Unidos – México 

Padre Carroll es sacerdote Jesuita y director ejecutivo de Kino Border Initiative, una organización de ayuda a los inmigrantes, copatrocinado por seis grupos de la iglesia de los Estados Unidos y de México, entre los cuales están los Jesuitas. En las instalaciones de Kino en Nogales, México, la madre deportada Guadalupe García de Rayos, encontró refugio y amistad. Le sirvieron comidas calientes en el comedor. Fue protegida en uno de los apartamentos cercanos, alquilados por Kino para los deportados. Y en una conferencia de prensa nocturna y de gran audiencia que se llevó a cabo en el comedor, tuvo la oportunidad de ser escuchada.


Después de ser deportada de Estados Unidos a México, Guadalupe García de Rayos dio una conferencia de prensa en el comedor de Kino Border Initiative, con sus hijos a su lado. 

“La verdad es que estuve allí (en los Estados Unidos) por mis hijos. Por un futuro mejor. Para trabajar por ellos. Y no me arrepiento, porque lo hice por amor”, dijo, refiriéndose a su hija e hijo adolescentes quienes son ciudadanos estadounidenses. García de Rayos fue el blanco porque una vez fue arrestada en un allanamiento de inmigración, en un parque acuático donde trabajaba y fue condenada por usar un número de seguro social falso, para conseguir el trabajo. Ella evitó la deportación, sin embargo, bajo las pautas de la administración de Obama.

Kino Border Initiative ha trabajado con inmigrantes como García de Rayos desde su fundación en el 2009, sirviendo y abogando por ellos y a la vez proporcionando “una presencia humanizada en la frontera”, como lo describe Padre Carroll. Esa misión se ha vuelto más desafiante a raíz de las recientes órdenes ejecutivas de Trump, relacionadas a la inmigración.


Hombres orando antes del desayuno en el comedor de KBI. (Foto CNS/David Maung) 

“Estamos allí para recordarles que tienen una dignidad dada por Dios. Nos importan y son importantes para Dios”, dijo el sacerdote, graduado de la Stanford University y miembro de la Provincia California de la Compañía de Jesús.

Kino es una colaboración binacional: Los socios fundadores incluyen la Provincia Califoria de la Compañía de Jesús, el Jesuit Refugee Service/USA, y la Diócesis de Tucson, junto con la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús, las Hermanas Misioneras de la Eucaristía basadas en México, y la Diócesis de Nogales en el estado mexicano de Sonora. Con un personal de 17 miembros y muchísimos voluntarios, la organización sirvió, el año pasado, alrededor de 47.000 comidas y proveyó otras asistencias prácticas a aproximadamente 8.500 migrantes. La mayoría de los beneficiarios han sido deportados después de vivir en los Estados Unidos o de tratar de entrar al país sin papeles.

El mensaje pastoral de la dignidad dada por Dios se manifiesta de forma tangible y menos tangible.


Hermana Maria Engracia Robles, miembro de las Misioneras de la Eucaristía, que trabaja en KBI, hablando sobre los derechos humanos con inmigrantes indocumentados. (Foto CNS/David Maung) 

“Los miramos a los ojos. Los escuchamos. Oramos con ellos. Cuando se van se sienten más fuertes. Se sienten con más confianza, con un poco más de esperanza”, dijo Padre Carroll, refiriéndose a los migrantes en una variedad de situaciones, incluyendo a los que buscan acceder al proceso de asilo. “No podemos resolver cada situación, pero podemos recordarles que ellos son hijos e hijas de Dios”.

Crónica de abusos

Humanizar la frontera nunca ha sido fácil. No fue así a finales de 1600 cuando Eusebio Francisco Kino – un explorador y astrónomo italiano Jesuita, llegó a esa región como misionero y terminó defendiendo los derechos de los pueblos indígenas perseguidos. En tiempos recientes, la tarea estuvo lejos de ser simple incluso en el clima político algo amable de la administración Obama. Durante esos años, 2.5 millones de personas fueron deportadas.


Hondureños llegan a casa después de ser deportados de los Estados Unidos en 2015. (Foto CNS/Paul Jeffrey) 

En 2015, la organización atrajo el interés de los medios con un reporte titulado “Nuestros valores en riesgo: Abuso de migrantes y separación familiar en la frontera”, que encontró que más de la tercera parte de los migrantes detenidos experimentaron algún tipo de abuso o maltrato en manos de los agentes fronterizos. Estos incluyeron robo, abuso físico y verbal y detención en condiciones inhumanas, de acuerdo al estudio.

Durante los últimos dos años, Kino ha presentado docenas de quejas en nombre de solicitantes de asilo mexicanos y centroamericanos, quienes dicen haber sido deportados o rechazados sin tener acceso a las audiencias ni al proceso de asilo – una aparente violación del derecho estadounidense e internacional. Esos migrantes se encuentran entre un número, cada vez mayor, que ha huido de la guerra de pandillas y otros actos de violencia en América Central.


Deportados alineados en la frontera de México para protestar por reforma migratoria. (Foto CNS/Sandy Huffaker, Reuters)

Mientras que el gobierno de Obama centró su aplicación en los delincuentes más serios, su sucesor está, desde todos los ángulos, echando una red mucho más amplia.

Refiriéndose a los migrantes más vulnerables, una reciente declaración de Kino dijo que las órdenes ejecutivas de Trump “harán su situación mucho peor” en parte al aumentar drásticamente el número de agentes de patrulla fronteriza y dar a los agentes una mayor libertad para decidir quién es deportado. La declaración se refería especialmente a los que buscan asilo, huyendo de la violencia en América Central – “muy parecido a como la Sagrada Familia tuvo que huir de Egipto poco después del nacimiento de Jesús, para proteger a Nuestro Señor”.


Estudiantes de Bellarmine College Preparatory, visitando desde San José, California, para un viaje de inmersión, sirviendo a los migrantes reunidos para comer. (Ryan Demo) 

Con estos nuevos desafíos, Kino está ensanchando su propia red – expandiendo sus servicios, incluyendo, por ejemplo, ayuda legal para aquellos tratando de navegar por el proceso de asilo. También hay un esfuerzo puesto en marcha para comprar propiedades en Nogales, que permitan a Kino refugiar más migrantes cuando son deportados, entre otros servicios. Además, la organización está tratando de conseguir que más parroquias, escuelas y otras instituciones participen en temas de migración.


Un grupo de estudiantes visitando KBI, realiza una caminata abreviada pero reveladora en un sendero migratorio, para tener una idea de lo que los inmigrantes soportan durante días o semanas. 

Kino ya cuenta con una animada red de amigos y activistas más allá de la frontera. El año pasado, por ejemplo, 66 grupos viajaron a Nogales para excursiones de inmersión que típicamente duran días y que llevan a los visitantes al comedor a servir y a conversar con los migrantes. Con frecuencia el itinerario incluye caminatas al desierto donde los migrantes viajan a pie; visitas al palacio de justicia de Tucson donde los migrantes son juzgados; y adoración con una comunidad de rancheros en la zona rural del sur de Arizona. La mayoría de los grupos pertenece a las escuelas Jesuitas (colegios secundarios y universidades) así como a las parroquias alrededor del país.

“Difícil de dejar”

Una activista que conoció a Kino de esa manera es Joanna Williams. Como estudiante de la School of Foreign Service de Georgetown University, Williams se inscribió en la universidad para participar de la experiencia anual de inmersión en la región fronteriza, que incluía pasar un día en Kino. Eso sucedió en la primavera de 2011. Se conmovió tanto con las conversaciones con los migrantes y otros, que se fue el próximo semestre a Kino, como voluntaria de tiempo completo.


Joanna Williams, directora de educación y abogacía en Kino.

“La experiencia fue abrumadora, pero difícil de dejar”, explicó Williams, quien se graduó en 2013. Hoy es directora de educación y abogacía en Kino, un trabajo que implica la coordinación de excursiones de inmersión, del tipo de excursión que la introdujo en el trabajo de la organización, y luego trabajar con los grupos post inmersión para propiciar una mayor participación en el ministerio de migrantes.

Una iniciativa en crecimiento es Kino Teens, una colección de clubes basada principalmente en colegios secundarios católicos. Un club –en Lourdes Catholic School en Nogales – atrajo atención internacional hace dos años, luego de que los estudiantes de la secundaria escribieran cartas a Papa Francisco, describiendo la situación de los inmigrantes indocumentados que son deportados a la ciudad hermana de Nogales, en México. Inesperadamente, el papa les contestó. Les dijo a los jóvenes que estaban presentando al mundo “una iglesia sin fronteras, como la madre de todos…una iglesia que extiende al mundo una cultura de solidaridad”.


Joanna Williams hablando con estudiantes de Brophy College Preparatory, quienes participaron de un fin de semana de inmersión en la frontera, en Kino. 

Posterior al comienzo en Lourdes, Kino Teens se ha extendido con 10 capítulos a escuelas en California, Illinois, Delaware, el Distrito de Columbia y Arizona. Williams dice que otros capítulos se están formando rápidamente.

Teens y otros en la red de Kino, ven el cabildeo en nombre de los migrantes como parte de este ministerio – una agenda coordinada con muchos grupos asociados, entre los que se incluye la Conferencia Jesuita de Canadá y de los Estados Unidos con base en Washington, DC. Ellos presionan a los titulares de cargos en diversos niveles, por “políticas más humanas y que reflejen los valores de la enseñanza social católica”, dice Kristen Lionetti, directora de política en la Conferencia Jesuita. “Buscamos una cultura de solidaridad más generosa”.


Niños en el comedor de KBI 

Cuando le preguntaron sobre los muchos que argumentan que los indocumentados han infringido la ley y deben ser castigados, Padre Carroll respondió girando el argumento sobre su cabeza. “La ley los está quebrando”, dijo, refiriéndose a la separación de familias, deportación a situaciones que ponen en peligro sus vidas, y otros graves resultados de la dura aplicación de la ley de inmigración. “La suposición es que, si es la ley, debe ser justa. Pero no lo es”.

Se ayuda mucho, pero los que ministran en la frontera dicen que los migrantes les dan y les enseñan a ellos, mucho más aún.


Mariana Serrano Reyes, miembro del personal de KBI y una estudiante que visita, llevando a cabo la tarea del lavado de platos del comedor.

“Me han enseñado mucho sobre la resiliencia, el amor y el sacrificio, confiar en Dios”, dice Hung Nguyen, SJ, miembro de la provincia Jesuita Chicago-Detroit que trabajó en Kino desde agosto 2015 hasta el pasado junio. Como muchos otros Jesuitas en formación, él eligió el ministerio en la frontera como una (muy literal) manera de llevar la misión Jesuita para estar con la gente en la periferia y las fronteras de la sociedad. Actualmente está estudiando teología en Bogotá, Colombia. 


Padre Carroll en el comedor, bendiciendo la comida.

“Nunca me fui de la frontera”, dijo Thomas Flower, SJ, otro Jesuita en formación que sirvió en Kino y actualmente estudia teología en Roma. “Llevo el sufrimiento, la esperanza y la bondad increíble de esa gente conmigo en todo lo que hago”.

William Bole es un periodista en Boston y un contribuyente frecuente a la página web de la Conferencia Jesuita. Fotos adicionales cortesía de Larry Hanelin.


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