Cinco Años Más Tarde: Los Cambios bajo el Papa Francisco Revelan su “ADN Jesuita”

Por William Bole

Con frecuencia se cuenta la historia: terminada la Jornada Mundial de la Juventud en Rio de Janeiro, el Papa Francisco se encuentra a bordo de un vuelo de regreso a Roma.  Camina hacia el compartimento de prensa y sorprende a todos con una espontánea conferencia de prensa y se para en el pasillo por 81 minutos contestando a todas las preguntas que le lanzaban los reporteros.  De una pregunta sobre la homosexualidad, el papa dijo lo que ahora se ha vuelto su expresión emblemática: “Si una persona es homosexual y busca a Dios, y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarle?".


El Papa Francisco durante su conferencia de prensa a bordo de su vuelo de Rio de Janeiro a Roma. (Foto de CNS/Paul Haring)

Lo que poco se cuenta – y menos se entiende – es algo más que dijo Francisco durante aquel intercambio espontáneo.  “Yo pienso como un jesuita,” explicó.

Han pasado cinco años desde que el humo blanco salió de una pequeña chimenea sobre la Capilla Sixtina, señalando que el cónclave papal había ya escogido un nuevo sucesor de San Pedro, primero Obispo de Roma.  Un poco más de una hora después, un argentino poco conocido llamado Jorge Mario Bergoglio apareció en el balcón de la Basílica de San Pedro – el primer papa jesuita, el primer papa originario de las Américas, y el primero de tomar el nombre de “Francisco.”

Por algunos años hubo un debate constante entre comentaristas religiosos, sobre si este papa accesible con un mensaje de misericordia había ya suscitado el cambio y la reforma a la vida católica mundial.  El Padre Timothy P. Kesicki, SJ, presidente de la Conferencia Jesuita de Canadá y los Estados Unidos, con sede en Washington, remarca que hasta hoy en día, “Él no ha cambiado ni una sola enseñanza definitiva de la iglesia.”  Sin embargo, el P. Kesicki y muchos otros ahora rápidamente añaden que el papa quien piensa como jesuita ha cambiado, tal vez para siempre, la manera en que un pontífice ejerce su ministerio, y su espíritu pastoral ha probado ser contagioso para un número incontable de católicos tanto como no católicos.


El Papa Francisco saluda al P. Timothy Kesicki, SJ. 

Él está pontificando con un tono nuevo, haciendo evidente que la tarea fundamental de los fieles no es tanto de seguir reglas, sino de discernir a lo que Dios los está llamando a hacer.  Él está cambiando la cultura del clero, alejándose de lo que él ha nombrado “clericalismo” (lo cual se enfoca en el estatus y autoridad sacerdotal) hacia una ética de servicio (Francisco dice que los pastores de la iglesia deben tener ese “olor de oveja,” siempre manteniendo la cercanía con el Pueblo de Dios).   


El Papa Francisco saluda a una mujer anciana en Asunción, Paraguay. (Foto de CNS/Paul Haring) 

Él ha revitalizado a un sinnúmero de personas, religiosas y laicas, jesuitas y sus muchos colaboradores, quienes han gravitado hacia lo que a Francisco le gusta llamar “la periferia,” los márgenes de la sociedad. Ha dado ejemplo de un papa “quien no es irreprochable, quien está abierto a la crítica, abierto a cambiar su mente,” y quien quiere guiar “a una iglesia más humana,” dice el Padre Gustavo Morello, SJ, profesor de sociología en el Colegio de Boston y el autor de “The Catholic Church and Argentina’s Dirty War” [La Iglesia Católica y la Guerra Sucia de Argentina] (Oxford, 2015). 


P. Gustavo Morello, SJ, dice que el Papa Francisco quiere guiar “una iglesia más humana.” (Gary Gilbert/Colegio de Boston)

Todo esto y más tiene su origen en lo que algunos han llamado el “ADN jesuita” de Francisco, lo cual está basado en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, quien deseaba promover el conocerse a uno mismo, un sentido alegre de libertad, y una disposición de tomar riesgos. 

El 13 de marzo del 2013, la Curia de los Jesuitas en Roma coincidía al tener una sesión de entrenamiento para nuevos líderes de habla inglesa de las provincias jesuitas a través del mundo – justo cuando el cónclave papal estaba votando.  El Padre Peter Bisson, SJ, quien recientemente había sido nombrado la cabeza de la Provincia Inglesa de Canadá, estuvo presente y recuerda que al caer la tarde alguien gritó, “¡humo blanco!”  Él y otros corrieron a la Plaza de San Pedro, donde se asombraron al ver un miembro de la Compañía de Jesús aparecer en el balcón.   Inmediatamente el papa número 266 rompió con protocolo: en vez de bendecir a los peregrinos primero, él les pidió que tomaran un momento en silencio para rezar por él y pedir que Dios bendijera su papado.  Después de eso, él impartió la bendición papal tradicional.  Parado en la plaza, el P. Bisson pensó, hay algo nuevo aquí.


El Papa Francisco saluda al P. Peter Bisson, SJ, en la 36 Congregación General Jesuita.  

Al día siguiente, el Papa Francisco levantó el teléfono y llamó a la Curia de los Jesuitas.  “Soy el Papa Francisco.  ¿Podría yo hablar con el Padre General?” preguntó a un recepcionista sorprendido, quien fue un poco incrédulo.  Francisco tuvo que convencer al hombre de que realmente era el papa quien llamaba y no un bromista.  Ya pasado eventualmente la llamada a la oficina del P. Adolfo Nicolás, SJ, el entonces Superior General de la Compañía de Jesús, Francisco comenzó a hacer arreglos para que los dos pudieran reunirse, – no en el Palacio Apostólico, donde los papas tradicionalmente han vivido, sino en una residencia para el clero y los laicos visitantes donde él se había quedado durante el cónclave.  Fue una indicación temprana de que el Papa Francisco tenía planes de salir del amplio apartamento papal y mudarse a un alojamiento más sencillo de la casa de huéspedes, al borde de la Ciudad del Vaticano.  Allí es donde vive actualmente. 


El Papa Francisco con el Padre Adolfo Nicolás, SJ, el entonces-superior general de la Compañía de Jesús, en Roma. (Foto de CNS/Paul Haring)

Si hubiera solamente unas cuantas palabras claves de este papado, una de ellas seguramente sería “periferia.”  Otra sería “discernimiento.”  Francisco el jesuita está buscando constantemente discernir cómo Dios está trabajando en su vida, y como el papa, está cultivando este tipo de discernimiento espiritual en todos niveles de la iglesia, nota el P. Bisson.  “¿Cómo se está moviendo el espíritu entre nosotros?  ¿Dónde está la alegría?  ¿Dónde está el miedo?  ¿Cuál es la voluntad del Señor?” dice el provincial, relatando unas preguntas para discernimiento al estilo ignaciano.  De forma característica, así es cómo los jesuitas y otros empapados en esta tradición “encuentran a Dios en todas las cosas.”  Sobre Francisco, el P. Bisson añade, “Él no tiene miedo de encontrar a Dios en lugares inesperados.  Él anticipa encontrar a Dios en estos lugares,” especialmente en los márgenes.  


El Papa Francisco asiste a un retiro de Cuaresma con miembros de la Curia Romana.  (Foto de CNS/L’Osservatore Romano vía Reuters) 

Francisco mismo dijo, “El jesuita tiene que ser un maestro de discernimiento, para sí mismo y para otros.”  Hizo este comentario cuando se reunió con 31 jesuitas basados en Myanmar durante su visita a este país y Bangladesh al final de noviembre y a principios de diciembre el año pasado.  “Piensen en San Pedro Claver,” dijo el papa, haciendo referencia al jesuita español y misionero del siglo XVII.  “Él sabía discernir y sabía que Dios quería que pasara su vida entre los esclavos negros.  Mientras que algunos teólogos de entonces discutían sobre si ellos” – los esclavos – “tenían un alma o no.”


El Papa Francisco con los jesuitas en Myanmar en 2017. 

Durante aquella conversación el 29 de noviembre, llevada a cabo en la capilla larga y angosta de la casa del arzobispo en Yangon, un jesuita preguntó por qué el papa siempre encuentra el tiempo de reunirse con sus compañeros jesuitas durante sus extensas visitas.  Francisco contestó que lo hace para “no olvidar que soy un misionero,” provocando risas añadió, – “¡y porque tengo que convertir a los pecadores!”

El padre Kesicki explica que toda orden religiosa tiene su propio carisma, su manera de llevar a cabo el trabajo de la Iglesia. No es parte insignificante del carisma jesuita ser una orden misionera, sus miembros, “listos para ir a cualquier parte del mundo a ayudar a formar almas”, menciona el sacerdote.  “Como jesuita sales a la periferia.  Sales al encuentro del pobre, del marginado, de los refugiados; aquellos desafectados por la Iglesia. Sales al encuentro de la gente. El Papa Francisco posee ese espíritu misionero. Eso es lo que lo hace jesuita.”


El Papa Francisco visita a una casa en Roma de quienes tienen retos intelectuales.  (Foto de CNS/L’Osservatore Romano vía Reuters)  

El hecho de que el papa sea latinoamericano, también ofrece luz sobre su impulso misionero. “Si eres jesuita latinoamericano, no solo esperas a que el pueblo llegue a la rectoría. Sales a donde se encuentra el pueblo,” menciona el P. Morello, un argentino quien tuvo una conversación pro forma con el entonces Padre Bergoglio a mediados de 80s cuando el Padre Morello estaba contemplando su vocación. (el futuro papa en ese entonces era un rector de formación jesuita) “Una gran parte de la religiosidad no sucede en los templos. Sucede fuera de la iglesia, en el ámbito público, en festivales, procesiones, frente a estatuas y puntos históricos”. Además, la periferia en Latinoamérica no es una tierra lejana - está justo allí.  “No es que debamos preocuparnos del pobre.  Sino que, la iglesia es pobre”, enfatiza el P. Morello. Puntualiza que la mayoría de católicos viven en países en desarrollo, lo que significa que la opción preferencial por el pobre articulado en la doctrina social de la iglesia, es en gran medida “una opción por la gente católica, quienes en su mayoría son pobres.”

Aquí en Norteamérica, el padre Mario Powell, SJ, estaba en discernimiento profundo seguido de su ordenación sacerdotal en junio del 2014 en la Universidad Fordham en Nueva York.  Eso fue 15 meses después de que el humo blanco se había disipado en la Plaza de San Pedro y el estaba pensando de sí mismo ser un “jesuita del Papa Francisco”. El P. Powell había comenzado a llenar aplicaciones para programas de doctorado de historia religiosa, pero también se preguntaba: “¿Qué estoy haciendo para asistir a otros quienes quizás se parezcan a mí?  ¿Cómo puedo ayudarlos a que se sientan bienvenidos en nuestras instituciones tradicionales?” El P. Powell, nativo de Arkansas, es afroamericano, criado en una familia de bautistas del sur (él se convirtió por sí mismo mientras cursaba el 8vo grado en una escuela católica en Los Ángeles).


El P. Mario Powell, SJ, piensa de sí mismo ser un “jesuita del Papa Francisco.” (Escuela Preparatoria de Regis) 

Al final de cuentas, puso de lado sus aplicaciones hacia su doctorado para imponerse un nuevo reto como director de REACH (Reclutamiento de Excelencia Académica para Escuelas Preparatorias Católicas) en la Escuela Preparatoria de Regis en Nueva York. El programa que es totalmente gratuito, busca alumnos del 5to grado de gran promesa, lo mismo como de alta necesidad, y les ayuda en preparase para ganarse becas para alguna escuela preparatoria jesuita. La mayoría vienen de familias inmigrantes, y el equipo de Regis trabaja con ellos por tres años los sábados y durante el verano.

“Tiene todo que ver con ser un jesuita del Papa Francisco”, decía el P. Powell sobre su ministerio con familias del centro de la ciudad. “¿Estamos utilizando los regalos que tenemos para nuestra misión?” Los regalos a los que él alude son instituciones jesuitas élites como Regis, localizado en la zona noreste de Manhattan cerca de Central Park.  Y la misión, menciona el padre, es de “siempre voltear la mirada hacia las periferias, ir allá, dejarte desencadenar e ir a lo profundo … y permitirte ser transformado.”   

Gillian Ahlgren es otro católica cuyo trabajo ha sido moldeado de nuevo por este pontificado. Profesora de teología de la Universidad Xavier en Cincinnati; ella ha sido impactada por la calidad y profundidad de las interacciones uno a uno del Papa Francisco, incluso cuando se mueve entre multitudes de peregrinos, como los miles quienes regularmente llegan para las audiencias papales.  Ahlgren ha participado en algunas de esas audiencias vaticanas, incluyendo una en la que Francisco se hizo paso hasta el final de un inmenso pasillo para bendecir a un niño pequeño, cuya madre empezó a llorar.

“Él comunica su alma, el Espíritu de Dios, en encuentros,” comenta Ahlgren, y en sus mensajes a las audiencias, “te ayuda a entender los encuentros en el Evangelio de forma distinta”.


Gillian Ahlgren en la conferencia “Sed de Paz” en Asís en 2016. 

Inspirada por Francisco, Ahlgren y la Universidad Xavier lanzaron en el 2014 el Instituto de Espiritualidad y Justicia Social. De inmediato el instituto comenzó a ofrecer talleres de un día completo en parroquias y escuelas sobre la exhortación apostólica del Papa Francisco del 2013 Evangelii Gaudium (“La Alegría del Evangelio”), el cual presenta su visión de evangelización y hace el llamado por “un ministerio pastoral de estilo misionero”, menos preocupado por reglas doctrinales y mas por lo esencial de cristianos, así como la misericordia (otra palabra clave de Francisco). Los talleres en inglés y español fueron primordialmente para ministros eclesiales, trabajadores sociales y otros en el sector sin fines de lucro, con el propósito en parte de ayudarlos encontrarse con la gente a quienes sirven “de manera significativamente profunda”, decía Ahlgren. Mas de 3,000 personas de congregaciones católicas y también protestantes participaron en esos talleres y los talleres subsecuentes sobre Laudato Si’ (“Sobre el Cuidado de la Casa Común”), encíclica del Papa Francisco sobre la ecología del 2015.

No es por accidente que dos de los mayores documentos contienen “alegría” en sus títulos – Amoris Laetitia (“La Alegría del Amor”), sobre el matrimonio y la familia, y “La Alegría del Evangelio.”  Hace notar el P. Kesicki de la Conferencia Jesuita, “No puedes dar testimonio de Cristo Resucitado si en tu corazón no tienes alegría. Y en Francisco, siempre te encuentras a un hombre alegre. Nunca parece cabizbajo.” En efecto, reflexionando en las razones para la alegría es parte de los Ejercicios Espirituales – otro rasgo ignaciano que Francisco lleva consigo.


El Papa Francisco saluda a un niño en el Vaticano.  (Foto de CNS/Remo Casilli, Reuters)

“Él es el testimonio perfecto de la vocación jesuita,” agrega el P. Kesicki. “Si quieres saber lo que es un jesuita, no podrías encontrarte con mejor ejemplo que el Papa Francisco.”

William Bole, un reportero en Boston, quien escribe con frecuencia sobre los jesuitas.


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