De agnóstico a jesuita: El viaje espiritual del P. Ted Penton

Por P. Ted Penton, SJ

El P. Ted Penton, SJ, quien actualmente es Secretario de la Oficina de Justicia y Ecología en la Conferencia Jesuita de Canadá y Estados Unidos, fue ordenado sacerdote el 11 de mayo de 2019.

7 de agosto de 2019.- Mi despertar espiritual ocurrió en 1997 en Wat Suan Mokkh, un monasterio budista en Tailandia. Tenía 22 años y era agnóstico, pero estaba interesado en las religiones del mundo. Por sugerencia de alguien que conocí mientras viajaba, me inscribí en un retiro de diez días de iniciación a la meditación.

P. Ted Penton, SJ, (el cuarto desde la izquierda), con su familia y el arzobispo Terrence Prendergast, SJ, (el tercero desde la derecha) después de ser ordenado sacerdote el 11 de mayo.

Fue un retiro difícil — después de ser despertado por un gong a las 4:30 a.m. y pasar por numerosas sesiones de meditación silenciosa con apenas dos pequeñas raciones de arroz integral y verduras al vapor, ya por la tarde la mayor parte de mi meditación se concentraba en la comida. Pero Dios obró contra mi hambre y al séptimo día tuve una breve y repentina sensación de abrumadora paz, amor y alegría mucho más allá de todo lo que había experimentado antes. Fue en ese momento que brotó la semilla de lo que sería el resto de mi vida.

Entre otras cosas, había nacido en mí el deseo de seguir un camino espiritual, un deseo de trabajar por la justicia con los marginados, y el conocimiento de que mi propio hogar espiritual estaba en la Iglesia Católica Romana, en la que me crie, pero que había abandonado hacía varios años.

El P. Penton (al centro) con otros novicios jesuitas después tras el largo retiro en Guelph, Ontario, 2009.

Un par de meses después de mi retiro, comencé mis estudios de posgrado en filosofía y, lo más importante, empecé a asistir regularmente a misa y a trabajar en el campus de Pax Christi. Durante los dos años siguientes, mientras disfrutaba de mis clases, encontré cada vez más vida y energía en mi trabajo voluntario, especialmente en mis visitas a un comedor franciscano y a una casa de trabajo católico.

Dejé atrás mis estudios de posgrado para dedicarme al trabajo voluntario a tiempo completo en el Cuerpo de Voluntarios Jesuitas (en inglés). Laboraba en el área de Asistencia Legal de Carolina del Norte, una unidad especial que ofrece servicios legales a los trabajadores agrícolas migrantes.

El P. Penton durante la misa de ordenación.

Nuestros esfuerzos de divulgación buscaban hacerles saber que, aunque no eran ciudadanos de EE.UU., tenían derechos en el país; podían, por ejemplo, presentar una queja si los plaguicidas estaban siendo rociados mientras ellos trabajaban en los campos o si acaso no recibían su salario completo. En general, las personas son reacias a tomar estas medidas por temor a las represalias de sus empleadores. Sin embargo, en los casos en que las personas tienen el valor de defender sus derechos, resulta una bendición presenciar el despertar de un mayor sentido de su propia dignidad.

El P. Penton (primera fila, el segundo desde la izquierda) en un retiro del Proyecto de Espiritualidad Ignaciana en la ciudad de Michigan, Indiana, 2014.

El Cuerpo Jesuita de Voluntarios también me introdujo a la espiritualidad ignaciana. Esa manera de Ignacio de unir su misticismo con un enfoque pragmático para comprometerse con el mundo resonó profundamente en mí. Asomaron entonces los primeros pensamientos de una vocación religiosa, que sólo perseguí varios años después tras culminar la escuela de derecho y laborar como abogado por un tiempo.

Ingresé al noviciado jesuita en el 2009 atraído en particular por la espiritualidad ignaciana y por el compromiso jesuita de vivir una fe que promueve justicia. A lo largo de mis años como jesuita, ambos aspectos de mi vida se han profundizado considerablemente, en especial, en mi formación en la dirección espiritual y en los tres años que pasé trabajando con el Proyecto de Espiritualidad Ignaciana (ISP, por sus siglas en inglés).

El P. Penton (sosteniendo el remo) con otros jesuitas en Villa St. Michel en Quebec.

El ISP ofrece retiros de fin de semana para hombres y mujeres sin hogar y en proceso de rehabilitación de alguna adicción. Los retiros se basan en la sabiduría de la espiritualidad ignaciana y en el programa de los 12 pasos, que se complementan bien. Como en un ‘típico’ retiro ignaciano, fue siempre una gran alegría y bendición caminar junto a los participantes, sobre todo, cuando llegaban a una conciencia honda de las profundidades del amor de Dios por ellos, un amor que se manifiesta de modo singular en cada uno.

En agosto de 2018 fui nombrado Secretario de la Oficina de Justicia y Ecología de la Conferencia Jesuita de Canadá y los Estados Unidos. Nuestra misión es defender, formar redes y educar para la justicia social y ambiental, y nuestro trabajo se basa en la espiritualidad ignaciana y en la enseñanza social católica, colocando en primer plano las voces de las comunidades marginadas. Me emocionan las numerosas oportunidades de compartir esta gran labor dentro de nuestra propia Conferencia y en todo el mundo jesuita.

El P. Penton dando una bendición durante su Misa de ordenación.

Tras haber nacido juntos hace tantos años en Tailandia, mi deseo de trabajar por la justicia y mi fe religiosa se hicieron uno solo. Tratar de imaginar el uno sin la otra resulta vacío. Representar a los trabajadores agrícolas que están despertando un sentido más pleno de sus derechos concedidos por Dios; pasar por los rigores de los ejercicios espirituales de Ignacio: acompañar a otros en sus propios viajes espirituales; hace oír las voces de los marginados a través de su defensa y promoción entre el gobierno y los líderes empresariales: Estas son todas las maneras en que he crecido más cerca de Dios y en las que he compartido el camino de los demás.






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