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Ser ignaciana todos los días: mi oración por el desapego cuando la cena familiar con cinco niños se convierte en un caos.

Diario Ignaciano es una nueva serie mensual de Shannon K. Evans, escritora y madre de cinco hijos que vive en Iowa, y que narra momentos de gracia a través del lente de la espiritualidad ignaciana en medio de su caótica vida diaria.


Por Shannon K. Evans

11 de noviembre de 2019. —  Mi familia de siete miembros se sentó en la mesa e inició el caos de la cena. Esta vez me había prometido a mí misma que no dejaría que la frustración depusiera lo mejor de mí. Pondría en práctica lo que había aprendido del desapego en los Ejercicios Espirituales Ignacianos. Saborearía la gracia de tener hijos con los que comer. Sin embargo, en menos de dos minutos el bebé ya estaba llorando, los niños grandes se quejaban de la comida, el otro niño se untaba salsa de tomate por todo el cabello y yo estaba liberando mi estrés sobre mi marido con sarcasmo y respuestas cortantes. Era demasiado para lograr un desapego.

Una hora más tarde, con papá arriba supervisando la hora de dormir como un maestro de circo, enjuagué los platos jabonosos sobre el fregadero de la cocina, agradeciendo esa tranquila soledad para reflexionar y orar. El consejo de los que han sido padres antes que yo resonaba en mis oídos, surgió la sabiduría sin solemnidad transmitida en las colas de las tiendas y en los comentarios del Facebook: “Disfrute de cada momento”. “Atesora esta etapa”. “Pasará tan rápido”. Amo a mi familia con pasión, pero la vida familiar rara vez es idílica y esa noche no había sido la excepción.

Otra olla lavada y seca, y otras dos más esperando su turno. El lavavajillas ya tarareaba a mi derecha con cubiertos más que suficientes para un equipo de baloncesto. Como un reproductor de discos que funcionaba mal mi mente giraba alrededor de las mismas viejas preguntas: ¿Por qué las cosas nunca permanecen en orden, literal o figurativamente? ¿Por qué debo sentir tanta necesidad todo el tiempo? ¿Por qué esta vida parece tan alejada de lo que una vez imaginé que sería? Uno pensaría que tras casi una década criando hijos, no continuaría manteniendo las expectativas tan firmemente, pero, de hecho, mis puños todavía estaban apretados alrededor de mis propias ideas de cómo debería ser la vida.

Desempolvé mi memoria para recordar lo que había aprendido poco antes sobre la indiferencia ignaciana. Para liberarme de mi adicción al control, debo rendirme a vivir en el momento presente, abrazando incluso frustraciones y decepciones como si fuesen regalos. Después de todo, son (al menos) la prueba de que estoy vivo. San Ignacio escribió que nuestro apego desordenado a los resultados se interpone en el camino del amor a Dios, a otros y a nosotros mismos. Él creía que el único camino hacia la libertad espiritual era desprendernos de nuestras preferencias y abrazar las cosas tal como son en lugar de pensar en cómo desearíamos que fueran. Elegir el desapego significa amar lo que es.

Recordando mi temperamento impaciente durante la cena de esa noche, me di cuenta de que había estado tan apegada a mis propios sentimientos que me había descrito en la narrativa como una víctima, presa de las necesidades humanas y honestas de la gente de mi entorno. Había perdido una oportunidad de experimentar la alegría y el amor porque no era libre de sostenerlo todo con las manos abiertas.

Al contrario, recordé un incidente que había ocurrido la semana anterior cuando, mientras limpiaba el desorden en el aseo de alguien, había respirado profundamente y rezado: "Jesús, confío en ti" una y otra vez. Recordé experimentar paciencia y ternura sobrenatural en ese momento, una gracia que había pasado por alto durante la comida de esta noche.

I could feel Jesus inviting me to return to that place of freedom and peace more often, to abandon my disordered attachments and find solace in his companionship. As a human being on earth, the Jesus of the Gospels gave his full attention and care to the person before him at any given time. He lived with such unattachment that every interruption, every unexpected request, seemed to be welcomed as a gift. Unbound by disordered loves and self-interest, Jesus was free to disregard plans and expectations to offer himself wholeheartedly to the people around him. And wildly enough, the same Spirit that allowed him to do so also lives in me.

Pude sentir a Jesús invitándome a volver más a menudo a ese lugar de paz y libertad, a abandonar mis apegos desordenados y encontrar consuelo en su compañía. Como ser humano en la tierra, el Jesús de los Evangelios prestó toda su atención y cuidado a la persona que estuvo delante de él en un momento dado. Vivía con tal indiferencia que cada interrupción, cada petición inesperada, parecía ser recibida como un regalo. Emancipado de los amores desordenados y del interés propio, Jesús era libre de ignorar planes y expectativas para ofrecerse de todo corazón a la gente que lo rodeaba. Y, apasionadamente, el mismo Espíritu que le permitió hacerlo también vive en mí.

Mojando un trapo y limpiando los mostradores, imaginé lo que Jesús diría si estuviera de pie delante de mí. De alguna manera no podía verlo reprendiéndome por no estar contenta o lo suficientemente agradecida por mis bendiciones. Basado en el Jesús de la Biblia, imaginé que probablemente me preguntaría sobre mis deseos: ¿Qué es lo que quieres?

Lo pensé. Quería desprenderme de mi inclinación para controlar a los que me rodeaban. Quería ser libre de amar y ser amada en la realidad de hoy en lugar de desear que mis circunstancias fueran distintas o que la gente de mi entorno se comportara de manera diferente. Quería sentir la presencia de Dios allí conmigo. Y finalmente, la tuve.

Mi mayor deseo en la vida no es que las cosas funcionen como espero, sino poder ser libre de experimentar el amor tan profundamente y tan a menudo como sea posible. A veces es la misma interrupción de mis planes lo que me ofrece la mayor oportunidad para el crecimiento en el amor.

Apagué el interruptor de la luz. Me tomé un momento para hacer una pausa y contemplar mi trabajo. La cocina brillaba ahora: clara y restaurada, lista para la vida de mañana, lista para una oportunidad de comenzar de nuevo.

Shannon K. Evans es autora de “Embracing Weakness: The Unlikely Secret to Changing the World.” Sus escritos han sido publicados en las revistas America y Saint Anthony Messenger, y en los portales web Ruminate, Verily, Huffington Post, Grotto Network y otros. Shannon, su esposo y sus cinco hijos viven en el centro de Iowa.


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Shannon K. Evans, escritora y madre de cinco hijos, narra momentos de gracia en su vida diaria.

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