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¿Por qué oramos con el Examen por las noches con nuestro hijo de 11 meses?

Por Clarissa Aljentera

25 de noviembre de 2019. —  La mayoría de las noches, cuando llega la hora de nuestra oración nocturna, la hora de nuestro Examen, mi esposo y yo nos acurrucamos cerca de nuestro hijo de 11 meses y trazamos el signo de la cruz en su frente y luego en la nuestra. Sé que mi hijo podría no recordar estas oraciones, pero me agrada el ritual: los tres rezando juntos como una familia en su dormitorio, sobre su cuna, sosteniéndolo en nuestros brazos. La escena me recuerda a tantas estatuas que vemos de la Sagrada Familia con Jesús acurrucado con seguridad en los brazos de sus padres. Me gusta que al final de nuestros días agitados, nos reunamos en oración, incluso si la experiencia termina con las lágrimas de un niño de 11 meses.

Ofrecemos una letanía por los necesitados — los miembros de nuestra iglesia que han muerto, los familiares que están enfermos, o las familias que necesitan de nuestras oraciones —  luego profundizamos en los principales eventos de nuestro día. Enumeramos aquellos lugares donde nos hemos sentido tan cerca de Dios; nombramos a aquellas personas a través de las cuales lo encontramos.

Luego hablamos de los momentos en que nos sentimos lejos de Dios, cuando nos estamos molestos o frustrados. Mencionamos luchas y desafíos personales, tal vez momentos en el transporte público o en una reunión de personal. Quiero mostrarle a mi hijo que tratamos todos los días de ser buenas personas y buenos padres, pero a veces nos quedamos cortos.

Quiero que mi hijo sepa que los momentos más impactantes de Dios son los pequeños momentos del día, momentos que fácilmente se pueden perder sin una reflexión cuidadosa: un entrenamiento en el gimnasio, una conversación con un miembro de tu familia. Quiero que sepa que la gracia y el perdón de Dios se encuentran en disputas en casa y a veces en desacuerdos con los amigos. Quiero que sepa que puede dirigirse a Dios en oración en cualquier momento, por cualquier cosa, grande o pequeña.

Mientras nos dedicamos a nuestra oración diaria, él nos observa. Nos escucha en silencio y sé que está encontrando a Dios a su propia manera.

No todas las noches son agraciadas y tranquilas. A veces sólo tenemos tiempo para una oración rápida, un Padre Nuestro o un Ave María, en medio de rutinas llorosas. Sin embargo, esperamos con interés nuestra oración vespertina, aunque no siempre sea fácil. Es nuestra oportunidad de estar juntos, escuchando y deseando encontrar a Dios presente en nuestro hogar.

Clarissa Valbuena Aljentera encuentra la alegría en su vocación de madre y esposa. Saca fuerza y consuelo de la sagrada Escritura. Clarissa realiza improv comedy y pasa mucho tiempo en Instagram. Vive en Chicago y trabaja en el ministerio. Su segundo libro, “Wonderfully Made” ("Maravillosamente Hecho"), un diario semanal del embarazo basado en las Escrituras, está disponible desde este otoño en Twenty-Third Publications.


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