Noticias Detalle
Se conmemoran 30 años del martirio jesuita de la UCA, ¿El Salvador sigue buscando justicia?

Por MegAnne Liebsch

16 de noviembre de 2019. — “¿Cómo nos puede ayudar? Sólo abra su corazón humanitario, su corazón cristiano”, dijo el P. Ignacio Ellacuría, SJ, a los estudiantes de la Universidad de Santa Clara en 1982 [en inglés]. Como rector de la Universidad de Centroamérica (UCA) en El Salvador, el P. Ellacuría instó a los estudiantes de Santa Clara a caminar en solidaridad con el pueblo marginado de El Salvador, que en ese momento estaba envuelto en una brutal guerra civil que mataría a 75.000 personas.

Ignacio Ellacuría da el discurso de graduación en la Universidad de Santa Clara en 1982 (Bob Lassalle Klein).

El P. Ellacuría y sus colegas jesuitas de la UCA vivieron este mensaje de amor profundo y sin concesiones alineándose con los salvadoreños pobres y desposeídos [en inglés]. Se manifestaron en contra de los escuadrones de la muerte que atacaban a civiles inocentes e indefensos. Este amor radical también los convirtió en blancos en un país donde el poder se había consolidado entre la élite militar y económica.

El 16 de noviembre de 1989, los militares salvadoreños asesinaron al P. Ellacuría y a otros cinco jesuitas de la UCA, los padres Ignacio Martín-Baró, SJ; Segundo Montes Mozo, SJ; Juan Ramón Moreno, SJ; Joaquín López y López, SJ; y Amando López Quintana, SJ, junto con su ama de llaves, Elba Ramos, y su hija Celina.

Sus muertes se convirtieron en un punto de inflexión en la guerra civil, catalizando las negociaciones de paz entre los rebeldes de izquierda y los militares de derecha, e incitando a EE.UU. a reducir a la mitad su ayuda al ejército salvadoreño [en inglés]. El ejemplo de los mártires jesuitas también ayudó a formar con más amplitud el pensamiento social jesuita y católico, y contribuyó al surgimiento de movimientos de solidaridad en América del Norte y en todo el mundo, como Cristianos por la Paz en El Salvador (CRISPAZ). El ejemplo de la UCA demostró que la educación jesuita requiere corazones abiertos y un compromiso para trabajar por la justicia. En un clima social que hace que muchas personas se sientan perdidas o enojadas, su legado es un poderoso recordatorio del amor sin fronteras.

Segundo Montes Mozo (derecha) participa en una entrevista televisiva en la UCA (Bob Lassalle Klein).

Cuando vivía en México siendo aún adolescente, Francisco Mena Ugarte llevaba con orgullo una sudadera con las letras de la UCA. Aunque no tenía sentido para la mayoría de sus amigos mexicanos, para Ugarte, cuya familia tenía lazos estrechos con los jesuitas de la UCA y ahora con San Óscar Romero, la sudadera lo unía a una estirpe que “hizo que mi pecho se hinchara”.

Salvadoreño de nacimiento, Ugarte, su madre y sus hermanas se vieron obligados a huir de El Salvador en la víspera de la guerra civil de 1981. Su padre, que anteriormente era capitán en el ejército salvadoreño, se quedó en El Salvador para unirse a las fuerzas rebeldes. Pasarían ocho años antes de que Ugarte volviera a ver a su padre y trece antes de que la familia regresara a casa.

Ignacio Martín-Baró Mientras tanto, la familia Ugarte se mudó de Guatemala a Nicaragua, a Cuba, a EE.UU. y luego a México. Aunque distanciados de El Salvador y de los jesuitas, el momento del crimen está arraigado en la mente de Ugarte. Recuerda a su madre viendo la televisión en su casa en México, absorta por las imágenes de los jesuitas asesinados en su jardín delantero. Repitió con horror: “No puedo creer que hicieran esto. No puedo creer que hicieran esto”.

Para Ugarte, los asesinatos llevaron a su casa la inhumanidad de la guerra. Pensó: si esto es lo que los militares hacen a los sacerdotes, gente con poder, entonces ¿cómo va a terminar todo esto?

Tres años después, las negociaciones de paz pusieron fin a la guerra civil, y Ugarte regresó a El Salvador por primera vez. Ugarte aún se conmueve hasta las lágrimas con el recuerdo del momento en que su avión aterrizó en San Salvador.  “No puedo explicar lo que pasó, pero era una sensación de volver a casa. Me sentí abrumado y comencé a apreciar a mi país de una manera diferente”.

Ese momento transformó a Ugarte, que se dedicó a vivir y trabajar por la justicia en su país natal mientras lidiaba con el trauma de la guerra. Ahora, como director ejecutivo de CRISPAZ, Ugarte desvela la dolorosa historia de la guerra a través de encuentros entre salvadoreños y estadounidenses. CRISPAZ lleva a los estadounidenses y canadiensElba Ramos es a El Salvador, principalmente a estudiantes universitarios y de secundaria, para que aprendan sobre la guerra civil a través de los relatos personales de los salvadoreños.

El programa no es un viaje de servicio. A los participantes se les pide que “escuchen para entender, y no que escuchen para responder”, explica Ugarte. “Tenemos el compromiso de compartir estas historias con quien esté dispuesto a escuchar para entender lo que una guerra le hace a un país. En una guerra, no hay ganadores ni perdedores, sólo hay destrucción”.

Ugarte espera que los participantes salgan con un mensaje clave: “No te conviertas en parte de una sociedad que cree que ir a la guerra es la solución a un problema”.

El enfoque de CRISPAZ en la no violencia a través de sus valores de acompañamiento, solidaridad y amor está arraigado en el ejemplo de los mártires de la UCA que también fueron los primeros partidarios del programa a mediados de la década de 1980. Ugarte afirma que ha sido testigo de cómo esta experiencia de encuentro puede transformar a los participantes, espiritual y políticamente. Ha recibido correos electrónicos de antiguos participantes que alguna vez fueron políticamente neutrales, pero después de su experiencia en El Salvador se sienten obligados a poner su fe en acción, como una mujer que ahora acompaña a migrantes indocumentados en su comunidad a sus audiencias judiciales.

Ignacio Ellacuría (segundo de la derecha) habla con los estudiantes (Bob Lassalle Klein).

Treinta años después del martirio de los jesuitas, Ugarte reconoce que muchos de los temas por los que los jesuitas lucharon siguen presentes en El Salvador: la violencia, la desigualdad económica y la falta de oportunidades. Como resultado, la población del país se está reduciendo cada vez más. Cientos de personas se van a EE.UU. todos los días, en parte debido a las políticas de EE.UU., como el NAFTA, que han debilitado aún más la fuerza laboral salvadoreña. CRISPAZ insta a los participantes estadounidenses a examinar cómo los EE.UU. fueron y siguen siendo cómplices en los ciclos de injusticia en El Salvador. Como hizo el P. Ellacuría en 1982, el programa pide una solidaridad radical y transformadora.



Noticias

Shannon K. Evans, escritora y madre de cinco hijos, narra momentos de gracia en su vida diaria.

La primera experiencia de Nicole Walters con la Oración Imaginativa la condujo a un profundo encuentro con Dios.

El P. Greene asumirá en el cargo el 31 de julio de 2020.

El P. Laramie, escritor y ministro religioso en la universidad, llena con sus respuestas los campos vacíos del siguiente test para darnos una visión más profunda de su vida y su vocación.

Sentir la presencia impactante de Dios en los pequeños momentos del día es lo que Clarissa Aljentera quiere enseñarle a su hijo.

El Examen diario es una tradicional oración práctica, arraigada y contemplativa que ayuda a la gente a encontrar a Dios en todas las cosas, y usted no tiene que ser un jesuita para intentarla.

Shannon K. Evans nos narra momentos de gracia en su vida diaria.

vea todas las noticias

Búsqueda de las noticias

Publicaciones

America - 7/20/15

America - 7/6/15

America - 6/22/15



Jesuit Spiritual Center
The Jesuit Spiritual Center at Milford spreads over 37 park-like acres overlooking the Little Miami River, 30 minutes east of Cincinnati.