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El P. Tim Kesicki, SJ, predica el

La Conferencia Jesuita, a través de su Oficina de Justicia y Ecología [en inglés], está comprometida con la defensa de la dignidad de la vida humana y la defensa de la justicia social. Regístrese aquí para recibir nuestras alertas para actuar [en inglés] y para participar en nuestro trabajo de incidencia y promoción.

24 de enero de 2020. — El Presidente de la Conferencia Jesuita, P. Tim Kesicki, SJ, condujo la Misa Ignaciana por la Vida en la Iglesia de la Santísima Trinidad en Washington, D.C. organizada por la Red de Solidaridad Ignaciana. Aquí presentamos su homilía completa:

Estudiantes de seis instituciones jesuitas se reunieron en la Misa por la Vida.

“Hace varios años, cuando estudiaba teología en Berkeley, California, un periódico importante publicó una historia de interés humano. Puede que haya sido apócrifa, pero, para citar al gran predicador, el P. Walter Burghardt, SJ: "Todas las historias son ciertas; incluso algunas se basan en hechos".

La historia relataba la experiencia de unos jóvenes padres de familia preparándose para llevar a casa a su bebé recién nacido y presentárselo a su hija de cuatro años. Los padres hacen todo lo posible para preparar a los niños pequeños sobre el arribo de los recién nacidos, ayudándoles a comprender el embarazo, la infancia y explicándoles cómo cambiará el hogar con un nuevo bebé. En este caso, los padres estaban orgullosos de lo bien que habían preparado a su hija para dar la bienvenida a su nuevo hermanito.


Cuando la madre fue dada de alta del hospital, llevaron al hermanito a casa. Su hermana mayor lo estaba esperando. En sus primeros minutos juntos como una familia de cuatro miembros, la hermana les pidió a sus padres pasar un tiempo a solas con su hermanito. Los padres estaban perplejos y simplemente ignoraron la solicitud. ¿Por qué necesitaría una niña de cuatro años pasar tiempo a solas con un bebé? Pero a medida que pasaban los días, la niña persistió en el pedido. Finalmente, los padres cedieron y la acercaron a la cuna donde estaba el bebé. Luego bajaron a la cocina y, para no perderse de nada, encendieron el vigila-bebés para saber de qué se trataba esta reunión privada. Por un momento hubo silencio, tal vez la hermana estaba admirando a su hermanito, pero luego ella habló y le dijo al bebé: “¡Ahora date prisa y dime cómo es Dios, creo que lo he olvidado!”.

Al escuchar una historia como esta sin duda expresamos nuestros “¡oooh!” y “¡aaah!” y somos condescendientes con esta niña de cuatro años; le acariciamos la cabeza pensando: “tan linda e ingenua, ¿qué puede saber un bebé?”. Pero, si lo piensas bien, con toda su simplicidad, con toda su sencillez, con todo su infantilismo, ella ha proclamado una verdad fundamental. Todos venimos de Dios, Dios es el autor de la vida. Si alguien tiene un conocimiento íntimo de Dios, ¿por qué no lo tendría un bebé?

Nuestra fe nos enseña que la vida humana es sagrada porque desde su inicio implica la acción creadora de Dios. Sólo Dios es el Señor de la vida desde su principio hasta su fin. Como proclama el profeta Job: “En sus manos está la vida de todo ser vivo, y el aliento que anima a todo ser humano” (Job 12:10).

El P. Tim Kesicki, SJ, rinde culto junto a los estudiantes de las escuelas jesuitas.

Creo que todo el mundo reunido aquí hoy ya lo sabe. ¿Si no por qué motivo habrías venido hasta aquí? Y también sabemos que esta verdad fundamental no se sostiene ahora en los Estados Unidos. Los derechos inalienables proclamados en la Declaración de Independencia, como el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad no se han dado a todos los seres humanos en esta tierra.

Nos reunimos en esta ciudad y en esta eucaristía para rezar por estos derechos, para luchar por estos derechos para cada ser humano desde la concepción hasta la muerte natural.


La forma en que involucramos esta lucha fundamental es importante, particularmente como estudiantes, maestros, pastores y feligreses en instituciones jesuitas. No nos reunimos para separarnos de aquellos que piensan de manera diferente a nosotros, nos reunimos para comprometernos unos con otros, especialmente con aquellos que no comparten nuestras creencias, con la esperanza de que nuestro testimonio y nuestras creencias puedan ser transformadores.

En septiembre de 2015, el Papa Francisco visitó los Estados Unidos. Algunos de ustedes saben que fue el primer Papa en dirigirse a ambas cámaras del Congreso. Curiosamente, un miembro del Congreso educado por los jesuitas decidió boicotear el discurso del Papa porque no estaba de acuerdo con algo de lo que el Papa podría decir. Ese día yo estaba comentando para la CNN y discutí esto con una de las corresponsales principales, Christiane Amanpour, durante un corte comercial. Tan pronto como se reanudó el programa, ella me preguntó: “Dígame, padre, ¿cómo podría un miembro del Congreso educado por los jesuitas boicotear al primer papa jesuita en dirigirse al Congreso?”, (ese día me hice una idea de cómo los resúmenes de noticias encuentran parte de su contenido). Luego compartí con ella y con los televidentes que si encontrabas una barricada en la calle, probablemente encontrarías jesuitas a ambos lados, porque un componente esencial de la educación jesuita es la búsqueda de la verdad, incluso si esa búsqueda te deja fuera de la corriente principal.


En estos días no estamos tanto en la búsqueda de la verdad, porque desde que Dios le dio a Moisés el quinto mandamiento, a través de los miles de años de historia de la salvación, la santidad de la vida humana se ha mantenido firme. Pero estamos en la búsqueda de un camino a seguir para proteger y defender a los más pequeños entre nosotros. Estamos buscando la manera de proclamar que todos estamos hechos a imagen y semejanza de Dios. Estamos buscando una manera de "ampliar la coalición de personas interesadas en dar forma a nuestra cultura: una que respete la vida humana en todas sus formas", como sostiene la Declaración de la Conferencia Jesuita 2018, “Protegiendo a los más pequeños de entre nosotros” [en inglés].

Esta búsqueda fundamental de la verdad, de la justicia y de la dignidad de toda vida humana requiere una fe inmensa. Y al final de ello lo que deseamos es un cambio de corazones, sin orgullo ni reivindicación. Si lo que decimos y hacemos nos hace ganarnos batallas políticas contra los que no promueven la cultura de la vida, ¿qué hemos ganado para Cristo? Si nuestros esfuerzos no se unen, sino que aumentan la división, ¿cómo se beneficiarán los más pequeños de entre nosotros?


Por eso, San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios Espirituales, nos enseña siempre a desear la gracia de Dios, sobre todo cuando se afrontan los grandes desafíos de la vida. Él nos enseña a escuchar, sabiendo que Dios obra a través del amor y no del odio, y que el amor puede vencerlo todo.

San Pablo, en su carta a los Efesios, nos recuerda que debemos “decir la verdad con amor” (Ef. 4, 15). El éxito no vendrá a través de la fuerza de voluntad; sólo vendrá cambiando corazones. Por lo tanto, siempre debemos vigilar nuestros propios corazones y asegurarnos de que estén llenos del amor y la esperanza necesarios para esta santa obra.

El lunes 20 de enero hemos celebrado nuestro feriado nacional en honor al reverendo Dr. Martin Luther King Jr. En su monumento, a 4 kilómetros de aquí, hay citas memorables sobre su vida. En uno de sus sermones más famosos, Amar a nuestros enemigos, el Dr. King predicó: “Devolver el odio con odio multiplica el odio, agregando así una oscuridad más profunda a una noche ya desprovista de estrellas. La oscuridad no puede expulsar la oscuridad; solo la luz puede hacerlo. El odio no puede expulsar el odio; solo el amor puede”.

Estamos llamados hoy a expulsar las tinieblas, a expulsar el odio con la luz de Cristo y con el amor de Dios. Estamos llamados a recordar que todos estamos hechos a imagen y semejanza de Dios; estamos llamados a ver el rostro de Dios en todas las etapas de la vida humana, desde la concepción hasta la muerte. Y estamos llamados, como esa niña de cuatro años que habla con su hermanito, a defender a los más pequeños de entre nosotros y proclamar: ¡Así es Dios, en caso de que lo hayas olvidado!”


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Febrero 18, 2020 — Christian J. Cashman ha sido elegido como el próximo presidente de la Escuela Preparatoria Fairfield, en Fairfield, Connecticut.

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Febrero 2, 2020 — El verano pasado estuve en la frontera de Arizona con México.

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