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Algunas mujeres reflexionan sobre lo que significa formar parte de la familia global ignaciana

Compilado por Valeria Méndez de Vigo, Doris Sump, and MegAnne Liebsch

Hacer de la igualdad esencial de las mujeres una realidad vivida…. es un auténtico “signo de los tiempos” (Congregación General 34, Decreto14, 5)

6 de marzo de 2020 - El domingo 8 de marzo.  Día Internacional de la Mujer, se celebran los derechos y los logros de las mujeres en todo el mundo. También es un recordatorio de la necesidad de seguir trabajando en la igualdad de género, de revisar las estructuras, la cultura y las relaciones que perpetúan la desigualdad de género y de crear en todo el mundo un entorno, una cultura y una Iglesia en la que mujeres y hombres tengan las mismas oportunidades de ejercer sus derechos y desarrollar todo su potencial.

Las mujeres desempeñan un papel destacado en el avance de la misión de los jesuitas en todo el mundo, ya sea como maestras, directoras de comunicaciones, agentes de apostolado social o defensoras de la justicia. La Conferencia Jesuita del Canadá y los Estados Unidos y el Secretariado de Justicia Social y Ecología de Roma pidieron a algunas de estas mujeres que reflexionaran sobre su trabajo con la Compañía de Jesús a nivel mundial y sobre lo que significaba, como mujer, trabajar en una institución jesuita.

El único lugar en el que he trabajado desde que me gradué de la universidad es en una organización jesuita: la Asociación de Colegios y Universidades Jesuitas (AJCU por sus siglas en inglés). Entre los innumerables beneficios de trabajar para una organización como la AJCU está la oportunidad de ganar como mentores tanto a jesuitas como a laicos. Y entre esos laicos están las mujeres a las que considero "estrellas de rock" y modelos a seguir para todas las mujeres que trabajan en la educación superior jesuita hoy en día: Stephanie Russell, Linda LeMura y Jeanne Lord, por nombrar sólo algunas. Estas mujeres animan la misión jesuita tan cuidadosamente en su trabajo, y lo hacen con elegancia y humildad. Tengo la suerte de conocerlas a través de la AJCU y estoy agradecida por su compañerismo y amistad.

—Deanna Howes-Spiro, Directora de Comunicación  Asociación de Universidades Jesuitas 

Desde hace algo más de un año trabajo en el Secretariado de Justicia Social y Ecología de la Compañía de Jesús en Roma, donde coordino el trabajo en red, la comunicación y la incidencia pública. Para mí, trabajar en el sector social jesuita significa  unir la fe y la justicia y trabajar por la transformación social en una institución que combina el trabajo con la gente en las periferias del mundo con el trabajo más estructural de análisis, de lucha por derechos, de incidencia pública. La lucha por la justicia global pasa también por la justicia de género. La Compañía de Jesús debe avanzar también en la justicia de género para continuar siendo relevante en la Iglesia y en el mundo. 

—Valeria Méndez de Vigo, Coordinadora de redes internacionales, comunicación e incidencia pública en el Secretariado de Justicia Social y Ecología, Roma

Agradezco ser parte del trabajo de la Compañía a Jesús a través del JRS. Basándome en mis 10 años de experiencia trabajando con el JRS, los jesuitas no descuidan el papel de los laicos, especialmente de las mujeres, para llegar a los marginados. Los jesuitas con los que trabajo son amigables, sencillos, accesibles y sensibles a las necesidades de la gente, incluyendo a las mujeres colaboradoras laicas. Me dieron oportunidades de crecer personal, profesional y espiritualmente.  Me siento empoderada, acompañada y amada, lo que me motiva a servir más a la gente que acompañamos

—Roslyn Kayah, Directora del Servicio Jesuita a Refugiados, Myanmar

La expresión “institución jesuita” me llama la atención en varios niveles y, como mujer, el impacto es tanto profesional como personal. Trabajo en una organización jesuita en las Filipinas que se dedica a la investigación y la formación y está comprometida regional y globalmente, local y nacionalmente, con la promoción de la sostenibilidad ecológica y el cambio social. Los valores que profeso como mujer con una actividad profesional –respeto, equidad, igualdad, honestidad, transparencia, rendición de cuentas y participación, entre otros– son valores profesados profunda y firmemente también en la institución. Esta convergencia es, por tanto, empoderadora y gratificante para mí en el plano personal y constituye algo a lo que es fundamental recurrir en momentos de retos y frustraciones. Siento gran admiración por las mentes brillantes y los corazones bondadosos, y de unas y otros he conocido, sentido, experimentado y tratado muchos en las mujeres y hombres de la Compañía de Jesús. Estas mujeres y hombres me ayudan en gran medida a hacer más profunda mi fe. Y esa fe así profundizada me permite crecer y ser mejor madre, esposa, hija, hermana, tía y socia y colaboradora en la misión.       

—Sylvia Miclat, Directora Ejecutiva, Environmental Science for Social Change, Filipinas

Las instituciones jesuitas promueven en gran medida la importancia de la constitución de la India. Nuestra constitución afirma los valores de la JUSTICIA (social, económica y política), la LIBERTAD (de pensamiento, expresión, creencia, religión y culto), la IGUALDAD (de estatus y de oportunidades) y la FRATERNIDAD (asegurando la dignidad del individuo).     

En mi trabajo en la Compañía global, disfruto de igualdad de oportunidades con el resto del personal en todo proceso de trabajo, así como de libertad de expresión de pensamientos e ideas; además, se respeta mi dignidad individual. Mi roles y responsabilidades se tienen muy en cuenta.    

—Hna. Ruby Mary Kujur, coordinadora de programas, Lok Manch, India

Soy una colaboradora de los jesuitas y he fundado mi propia fundación. He continuado colaborando con los jesuitas. Los últimos 27 años de mi vida han sido un viaje increíble con los jesuitas. Caminando y compartiendo con ellos y creando un mundo mejor para los sectores marginados en el mundo, sobre todo, en la India.

Vaishali Patil, fundadora y secretaria de Ankur Trust, India



En mi vida de mujer, esposa y madre de dos hijos ha sido un privilegio poder compartir la cercanía tanto de jesuitas como de laicos comprometidos con la implementación de un cambio justo para los más vulnerables. El hecho de ser mujer involucrada en diversas obras de los jesuitas me ha permitido experimentar diferentes realidades y participar en pequeños cambios que representan una gran diferencia para la sociedad. En el plano personal he experimentado un crecimiento espiritual y profesional que me invita a compartir siempre el Magis.     

—Lea Montes Lagos, Servicio Jesuita a Migrantes, Nicaragua

Trabajar en una institución jesuita me ha permitido vivir y trabajar fundada en mi fe. La espiritualidad ignaciana es la base de cómo trabajamos y cómo lideramos, con la convicción de que Dios actúa en nuestro mundo, en nuestro trabajo, en las personas con las que trabajamos y estamos en contacto, buscando, pues, a Dios en todas las cosas.  

—Suzanne Krudys, consejera especial  del presidente y sus socios, Conferencia Jesuita de Canadá y Estados Unidos, EE.UU.


Mi sobrino me preguntó recientemente: “Siendo una mujer que cree en la justicia y la liberación, ¿por qué trabajas para una orden religiosa masculina de la Iglesia católica?”. Buena pregunta, pensé. ¡A veces también yo me lo pregunto!

Le respondí que tengo el privilegio de trabajar codo con codo con mujeres y hombres que luchan a diario por la justicia, la paz, la igualdad y el cuidado de la Casa Común. Me inspiran con su valentía, su dedicación y su fe profunda.   

Ellas y ellos, a su vez, han sido inspirados, al igual que yo, por el compromiso de la Compañía de Jesús con la justica social. Para algunos, tanto hombres como mujeres, esto se ha traducido en persecución, opresión y, a veces, incluso muerte. Cuando acompañan a los pobres y excluidos de la Tierra, ven de primera mano que la pobreza y la opresión tienen rostro femenino y que la paz, la justicia y la reconciliación solo se alcanzarán si las mujeres pueden vivir con dignidad y gozan de igualdad de derechos. Ellas y ellos saben, al igual que yo, que aún hace falta trabajar mucho para instaurar la justicia en nuestro mundo, en la Compañía de Jesús y en la Iglesia, lo que incluye que las mujeres tengan más voz y disfruten de mayor justicia. Enraizada en la espiritualidad ignaciana, persevero en mi compromiso junto con miles de mujeres que trabajan en instituciones jesuitas, sabedora de que nuestra presencia es importante y de que juntas podemos hacer realidad la visión de un mundo en el que se respete la dignidad de todas y cada una de las personas.          

—Jenny Cafiso, Directora de Canadian Jesuits International, Canadá

En 2018 me incorporé al Instituto Jesuita de Sudáfrica, que me ofreció la oportunidad de contribuir directamente a la obra de justicia y a la misión de la Compañía. Mi experiencia es que el apostolado social jesuita desempeña un papel crucial en la sociedad en la medida en que da voz a los marginados. En Sudáfrica he trabajado en particular en dos proyectos centrados en concreto en la justicia de género, la justicia racial, la pobreza y la incidencia a favor de los migrantes.

He experimentado de múltiples modos la presencia, el apoyo y el amor de Dios a lo largo de mi trayectoria en la Compañía de Jesús. El apostolado social jesuita lleva a cabo un trabajo formidable en muchas partes del mundo, desempeñando con frecuencia un papel importante allí donde la estructura institucional de la Iglesia falla en ocasiones a la hora de dar respuesta a las necesidades de la sociedad en su conjunto. Esto es lo hace que siga siendo colaboradora de ese apostolado: la certeza de formar parte de una misión que redunda en beneficio de los marginados y forma personas cada vez más concienciadas en lo relativo a la justicia.

—Hna. Katleho Khang, SNJM Suráfrica



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