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Reflexiones de un jesuita en cuarentena comunitaria

Por P. Ted Penton, SJ

19 de marzo de 2020. — Mi primera noche en cuarentena no dormí muy bien. O, más bien, dormí bien, pero me desperté pensando en la nueva realidad compartida de nuestra comunidad y del mundo a las 4 de la mañana (que no ha sido mi hora preferida por mucho tiempo).

La ventana del P. Ted da al reloj Gonzaga. Dice que, afortunadamente, no suena por la noche, pero dificulta la siesta. Después de escuchar el muy buen episodio de "Low Hum of Menace" [en inglés] en This American Life, escuché muchas, muchas de mis canciones favoritas sobre amenaza, mientras imaginaba todas las cosas terribles que podrían desencadenarse, como los disturbios en todo el país y verlos a través de mi ventana en el centro de Washington DC, con la esperanza de que nos libraríamos de eso si desplegáramos una pancarta que dijera "contagiados" al otro lado de nuestra puerta.

La ola de canciones comenzó con "Bye Bye Love" de Ray Charles, que resonaba en mi cabeza cuando me desperté. La música es optimista, pero la letra definitivamente no, pues termina con varios estribillos que dicen: "creo que voy a morir". En una extraña práctica de agere contra [en inglés] terminé con una nota más alegre: con una de las canciones más bellas y esperanzadoras que conozco.

El día antes de que uno de mis compañeros jesuitas diera positivo por COVID-19 [en inglés], se me había ocurrido tomar uno de nuestros autos y conducir hacia la frontera de regreso a Canadá (mi tierra natal). He pasado muchos años en los Estados Unidos y amo este país, pero no pude evitar pensar que preferiría soportar esto en un lugar donde las personas pasaron las últimas dos semanas acumulando solo papel higiénico, y no papel higiénico y armas [en inglés], y donde las divisiones sociales no son tan agudas.

Pasé la mayor parte del día haciendo llamadas y enviando correos electrónicos (nada distinto a mi ritmo habitual) pero, a pesar de estar cansado, aprecié mucho el tema claro y constante del cuidado mutuo durante este momento de gran estrés e incertidumbre. Lamenté un poco compartir con mi equipo mis pensamientos sobre el riesgo de disturbios, pero en mi defensa también ofrecí la nota esperanzadora de que Netflix puede evitar que demasiadas personas salgan de sus hogares: sigo rezando por la integridad de nuestros servidores y por los tubos de Internet [en inglés].

Mis colegas y yo compartimos una gran preocupación por las muchas personas marginadas que, como siempre, sufrirán más: las personas sin hogar; aquellos que están encarcelados o detenidos por inmigrar [todos en inglés], por nombrar sólo algunas. A medida que el COVID-19 se extienda a países menos desarrollados económicamente, el impacto será aún más severo [en inglés]. Nuestra oficina [en inglés] trabaja en defensa de temas de justicia y ecología, y tendremos mucho trabajo en las próximas semanas para encontrar formas creativas de elevar las voces y las preocupaciones de los más afectados.

Incluso entre la clase media estoy muy consciente y agradecido por los privilegios que nuestra comunidad disfruta en este momento. El apoyo es mutuo, por supuesto; pero también están aquellos que nos apoyan trayendo alimentos y paliando otras necesidades, además de nuestro excelente seguro de salud.

Rezo por los que no tienen estas ventajas, por los que están solos, los que cuidan a los niños fuera de la escuela mientras intentan trabajar desde casa y los que están atrapados en apartamentos sin acceso al espacio exterior. Y no hace falta decir que rezo especialmente por los infectados, por los que sirven en nuestro sistema de atención médica, los que continúan abasteciendo nuestros estantes de supermercados y farmacias, los que preparan comidas para llevar, los que corren el riesgo de perder su trabajo y muchos más.

Un día ajetreado (terminé el trabajo a las 4, y tenga por seguro que no es nuestra norma), que hizo que algunos corriéramos mientras escuchábamos música más emocionante que la de aquella mañana, y luego tener una sesión de yoga que me trajo recuerdos de cuando lo practicaba en el Upper Senate Park donde pasé el verano de 2003 en DC.

Terminé la jornada leyendo [en inglés] y pensando en las posibilidades de construir una comunidad en línea. Por ejemplo, no puedo celebrar la misa con nadie en persona, entonces ¿por qué no compartir una en línea con amigos y familiares en lugares donde las iglesias están cerradas? Incluso si nadie más estuviera interesado, ¡estoy seguro de que mi madre lo estaría!

Este ha sido solo el primer día de muchos, y ninguno de nosotros sabe cuánto durará esta situación o cómo evolucionará. Ya que todos estamos viendo que nuestra realidad puede cambiar mucho más rápidamente de lo que normalmente prevemos. Al menos para este primer día, a pesar de que comenzó con una nota de amenaza, también encontré mucho por lo que estar agradecido.


El P. Ted Penton, SJ, es Secretario de la Oficina de Justicia y Ecología en la Conferencia Jesuita de Canadá y Estados Unidos. Nació y creció en Ottawa, Canadá. Conozca la historia de su viaje al sacerdocio aquí.


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En mi primera noche en cuarentena no dormí muy bien.

El P. Ted Penton, SJ, pronunció esta homilía el 22 de marzo desde su dormitorio en el Gonzaga College High School, en Washington, D.C., donde permanece en cuarentena.

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