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Reflexiones de un jesuita en cuarentena comunitaria (parte II)

Por P. Ted Penton, SJ

Lea la primera parte de esta serie aquí.

31 de marzo de 2020. — No dormí muy bien en mi primera noche pensando en que podría tener el COVID-19. O más bien, dormí bien, pero me desperté a las 2:30 a. m., que no es mi hora favorita ni por asomo. Me tomé la temperatura: 98.2°F (36.7°C), y la ingresé en el registro que comencé a mantener en mi teléfono, junto con mi síntoma: “mareado” [woozy en inglés]. Y "Woozy" me llevó a la palabra "woody" y mis pensamientos fluyeron hacia The Beach Boys y el primer concierto al que asistí, con mi primera novia y su madre, en octavo grado.

Pero esta no fue una mañana dedicada a The Beach Boys. Escuché más canciones sobre amenaza, y después de cuatro mañanas seguidas haciéndolo, supongo que eso es lo que me toca partir de ahora. Ya no imaginaba escenas de disturbios afuera y recordé más bien que el campus de la escuela secundaria en el que vivo tiene guardias de seguridad las 24 horas, por ello supongo que la violencia todavía está presente en mis enrevesados pensamientos y, por alguna razón, quiero saber poco de rupturas y traición.

Casi todos en estos días he sentido una mezcla muy confusa de emociones ante la perspectiva de ser positivo del COVID-19. En parte siento miedo, por supuesto. Y en parte, un alivio: al menos no tendría que pasar los próximos 12 ó 18 meses, o lo que sea, trabajando tan duro para evitar contraer este maldito virus.

La residencia de los jesuitas en el Gonzaga College High School se encuentra en cuarentena.

Además, suponiendo que lo supere bien, lo que parece probable dada mi edad y la ausencia de condiciones subyacentes, eso será como tener un súper poder: estaré entre las primeras personas que podrán trabajar con los infectados con un riesgo mínimo para mi propia salud. Como titular de los grados de bachiller y máster en Filosofía, estoy muy familiarizado con la sensación de no tener nada de valor para ofrecer a los demás, por lo que este súper poder sería un cambio bienvenido. Desafortunadamente, no vendría empaquetado con ningún conocimiento médico o habilidad de enfermería. Pero a pesar de que en este momento puede ser de menor utilidad práctica, después de diez meses de vida sacerdotal, sé que el apoyo pastoral que podría ofrecer tiene un gran valor para muchos.

Ya eran las 4:30 a. m. Había estado despierto por dos horas y todavía me quedaban cuatro horas más para levantarme ya que no tengo que ducharme ni viajar más (para ser claros, todavía me ducho, solo que sin la necesidad de hacerlo antes del trabajo). Así que decidí ver una de mis películas favoritas.

Con la transmisión en video y los auriculares Bose, este es definitivamente el mejor tiempo para estar en cuarentena. Al igual que el personaje principal de la película, también crecí con una madre que se oponía firmemente al rock and roll y que intentó (sin éxito) prohibirme escuchar música increíble. (Al crecer años más tarde que Cameron Crowe –director del filme-, mi propia madre quedó más absorta por el Heavy Metal Satanic Panic de los años ochenta que por las drogas y el sexo promiscuo, aunque indudablemente también desaprobaba esos aspectos del estilo de vida roquero).

De cualquier manera, tanto Crowe como yo encontramos muchas razones para rebelarnos, incluso él lo hizo de una manera infinitamente más fresca con la cual he soñado. Uno de mis colegas me dijo que, como sacerdote católico, probablemente no debería creer en la reencarnación, pero, si lo hiciera, y se pudiera reencarnarme en el pasado, me encantaría ser el adolescente Crowe, que no solo vivió durante los mejores años del rock, y que viajó con sus estrellas a los 16 años, sino que también escribió sobre ellas para Rolling Stone, cuando la revista todavía era genial.

También he sentido mucha gratitud hacia aquellos que dirigen nuestra comunidad y con los funcionarios de salud pública que me hacen sentir más popular desde cuando estaba en el octavo grado, gracias a sus frecuentes y largas llamadas telefónicas. Y yo que pensaba que la gente ya no usaba los teléfonos para hacer llamadas. A diferencia del octavo grado, no pasamos nuestro tiempo discutiendo sobre las chicas que nos gustaban o anotando boletos de los Rolling Stones, sino hablando de asuntos más mundanos como mi temperatura o si tenía acceso a suficientes alimentos y guantes de látex. Aun así, aprecio mucho su atención, así como su amabilidad y paciencia.

Los jesuitas del Gonzaga College High School fueron puestos en cuarentena durante dos semanas porque un miembro de la comunidad dio positivo de COVID-19.

Estoy reflexionando bastante sobre las formas en que la finitud y la incertidumbre sobre el futuro centran mi atención más directamente en lo que es realmente importante. Pero, de nuevo, tal vez estas "reflexiones sobre la finitud" son solo un recuerdo de mis días de filosofía o del título de un álbum emo mal recordado.

El nuevo virus ciertamente me ha visto pasar mucho más tiempo en videoconferencias con familiares y viejos amigos. Por ejemplo, realmente disfruté haciendo una transmisión diaria en vivo de misas con mis padres, mi tía y mi tío, y algunos amigos cercanos.

Y la gratitud se ha extendido incluso hasta mi propia familia. Aunque solo fuera por correo electrónico, le agradecí a mi madre la gran fe bajo la que me había criado, su tercer regalo más importante para mí después, en orden ascendente de importancia, del hogar amoroso y solidario que ella y mi padre proporcionaron, y los auriculares Bose con bloqueo de ruido que me obsequió en mi ordenación.

Para ser claros, ella hubiera preferido obsequiarme una estola, un regalo de ordenación más tradicional. Pero supuse que todas las comunidades jesuitas tienen muchas estolas que podría usar, mientras que los pocos jesuitas con auriculares Bose seguramente no me los prestarían. Además, son bastante caros y no obtenemos suficiente dinero para gastar. Ya sabes, el voto de pobreza.

La pobreza es un buen tema para terminar. Tiene un significado importante en la vida religiosa, pero no el significado típico: como jesuitas, nuestras necesidades materiales se satisfacen cómodamente. En términos sociales, vivimos un estilo de vida de clase media. Si el resultado es positivo, sé que obtendré la mejor atención médica posible. Y también sé que para muchas personas, eso simplemente no es cierto. Rezo por aquellos que no tienen acceso a la atención que necesitan, que son vulnerables en esta crisis. Y rezo por las personas en los países en desarrollo que no tienen la infraestructura de salud necesaria ni en tiempos normales, mucho menos ahora en momentos de pandemia. No hay una solución fácil a los desafíos que enfrentamos, pero sin duda estamos llamados a solidarizarnos con todos los niños de Dios y asegurarnos de que nuestra respuesta a la crisis aborde las necesidades de los menos afortunados.


Al momento de escribir esto, el P. Ted Penton, SJ, presentaba síntomas de COVID-19. Los resultados de su test dieron negativo al virus.  Ted es Secretario de la Oficina de Justicia y Ecología en la Conferencia Jesuita de Canadá y Estados Unidos. Nació y creció en Ottawa, Canadá. Conozca la historia de su viaje al sacerdocio aquí.


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