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Un refugiado somalí reflexiona sobre el COVID-19

Por Hassan Abdullahi, miembro de la comunidad del Centro Jesuita de Amán, Jordania 

29 de abril de 2020. — La propagación del COVID-19 - y el encierro resultante - continúa empujando a muchas familias de todo el mundo a condiciones de vida cada vez más inciertas, y los refugiados somalíes en Jordania no son la excepción. Nos encontramos en el corazón de los más afectados por el bloqueo. Como refugiados urbanos que viven en Amán, Jordania, la mayoría de los que provienen de Somalia no recibe asistencia financiera de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) ni cupones de alimentos del Programa Mundial de Alimentos (PMA). Ellos dependen de trabajos diarios para ganar su pan del día y pagar el alquiler. Desde que comenzó el bloqueo a mediados de marzo, estos refugiados no pueden ganar salarios para satisfacer sus necesidades básicas. Por ello, en la primera semana los efectos del bloqueo comenzaron a aparecer dentro de estas comunidades.

La situación de los refugiados somalíes [en inglés] en Jordania es algo con lo que estoy muy familiarizado. Como refugiado somalí he estado trabajando estrechamente con los oficiales de la ACNUR para ayudar a los miembros de mi comunidad a acceder a los servicios y atenuar sus preocupaciones mucho antes del COVID-19. Soy voluntario en Sawiyan, una iniciativa de desarrollo comunitario, y responsable de un programa de inglés donde doy clases a estudiantes refugiados de todas las edades; además, sirvo como intérprete independiente para ayudar a los solicitantes somalíes en las embajadas.

Al no tener un empleo permanente, he tratado de dedicar la mayor parte de mi tiempo a servir a las comunidades de refugiados que me rodean. Pero la crisis del COVID-19 puso fin a todas mis actividades porque descubrí que quedarme en casa y practicar el distanciamiento social eran las únicas formas de mantener a salvo a quienes me rodean y a mí mismo.

Sin embargo, me he encontrado bastante ocupado. Tres semanas antes de que estallara la crisis, fui admitido en Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard para un curso titulado “Organización de liderazgo y acción para el cambio”, que me ayudará a organizar mejor mi proyecto de idioma inglés para refugiados en Amán. También me encontré organizando un comité en línea de seis representantes somalíes para satisfacer mejor las necesidades básicas de nuestras comunidades. Esto significaba usar WhatsApp para entregar mensajes a los refugiados somalíes en Jordania, publicar mensajes en el idioma somalí, traducir mensajes importantes del sistema de salud jordano al idioma somalí, mantenerlos actualizados sobre las instrucciones del toque de queda, explicando mensajes del gobierno jordano y del ACNUR, y respondiendo preguntas. La tecnología nos ha ayudado a mantenernos conectados.

Incluso así, adaptarse a este tiempo sin precedentes no ha sido fácil para la comunidad somalí. Toda su vida depende de lo que puedan hacer en un día determinado, por lo que encontrarse repentinamente atrapados en casa ha sido paralizante. Los refugiados somalíes estaban menos conectados con la gran comunidad jordana antes del COVID-19. Al caer en esta crisis, se encontraron luchando para satisfacer sus necesidades básicas: alimentos, kits de higiene, medicamentos, gas y alquiler. Las familias no pueden pagar el gas para cocinar. Al carecer de suficiente comida, algunas rompen las normas de distanciamiento social para compartir una comida en la casa de sus vecinos.

Aunque el Ministerio de Educación ha empleado un sistema de aprendizaje en línea para que los niños en edad escolar continúen aprendiendo, muchas familias luchan por cumplir con los requisitos tecnológicos. El acceso a pantallas de TV, iPads, teléfonos inteligentes, computadoras y acceso seguro a Internet son un desafío para los niños refugiados.

Lamentablemente, esto no es nuevo. Desearía que la gente supiera más sobre la vulnerabilidad de estos refugiados somalíes en Jordania y sus sentimientos de estar desconectados de la comunidad tanto antes como en este momento difícil. El COVID-19 ha cambiado totalmente sus vidas y los ha expuesto a condiciones más inseguras.

Hay más de 870,000 refugiados somalíes [en inglés] que viven en el Cuerno de África y Yemen, y 2,1 millones de somalíes están desplazados dentro de la propia Somalia. Muchas de las familias de refugiados somalíes en Jordania lo han sido durante toda su vida, primero huyendo de la guerra en Somalia en la década de 1990 hacia el cercano Yemen, y luego escapando después de que estalló la guerra para buscar refugio en Jordania. Estados Unidos fue el líder en el reasentamiento de refugiados somalíes en todo el mundo, reubicando a casi 10,000 somalíes cada año de 2014 a 2016, pero, debido a la prohibición de los refugiados somalíes, las posibilidades de reasentamiento en los Estados Unidos han disminuido en gran medida. Esto deja espacios limitados para el reasentamiento en otros países. Me temo que después de COVID-19, los gobiernos aplicarán nuevas políticas para el reasentamiento de refugiados, que pueden continuar limitando la cantidad de personas que vienen de fuera de sus fronteras para priorizar la recuperación de aquellos que perdieron sus empleos durante esta crisis.

Estoy profundamente agradecido con el gobierno jordano y con su majestad el Rey Abdullah II, quien ha demostrado un liderazgo encomiable con los recursos limitados que este país tiene para ofrecer, a fin de proteger por igual a todos los seres humanos que viven en el suelo del reino durante este momento complicado.

La comunidad del Centro Jesuita también ha sido una mano amiga, un lugar acogedor donde los refugiados se sienten seguros, bienvenidos y respetados. Aunque no podemos interactuar físicamente durante el COVID-19, esta comunidad ha sido una fuente de oraciones y apoyo moral. Los miembros del Centro Jesuita han seguido velando por la seguridad y el bienestar de los demás, compartiendo mensajes de salud y actualizaciones.

Dios es misericordioso y compasivo, mientras nos mantengamos juntos unos a otros en nuestros corazones y cuidemos de aquellos que necesitan apoyo durante este tiempo difícil.

Hassan Abdullahi es un representante de la comunidad del ACNUR, ingeniero, profesor de inglés y refugiado somalí. Graduado en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Jordania, es ingeniero civil profesional y trabajador social. Durante los últimos cuatro años ha sido voluntario en diferentes organizaciones internacionales y nacionales en Jordania.

Durante los últimos tres años, Hassan ha trabajado como intérprete independiente de inglés-árabe-somalí con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) de las Naciones Unidas, donde también realiza entrevistas de selección con la OIM y los funcionarios de los Servicios de Ciudadanía e Inmigración de EE.UU.

También labora como traductor voluntario en el International Refugee Assistance Project, una organización con sede en EE.UU. que brinda asistencia legal gratuita a los refugiados en el proceso de registro, protección y reasentamiento.

Hassan ha vivido en Jordania durante los últimos 10 años sin poder trabajar. Dedica su tiempo a mejorar la vida de quienes lo rodean.


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